sábado, 14 de junio de 2008

Esa Mujer

Consideré unánimemente que después de las semanitas que había tenido, me merecía una cartera. Considere que la inflación y yo estábamos cabeza a cabeza en grado de peligrosidad y me fui muy resuelta a una casa de carteras que me gusta mucho, dispuesta a gastar la plata que debo en algo que no necesito. Es decir, fui a ser mujer un rato. Por suerte, una amiga que es más mujer que yo (o que va más seguido de compras que yo) me acompañó.
Íbamos entonces, felices las dos, por Santa Fe. Olvidándonos de lo mucho que debíamos estudiar, nos adentramos en el consumismo de las vidrieras llenas de britishs cuadrilles y pulloveres de manga corta (¿?) ((Nota mental: si eso no es el sinsentido posmodernista, el sinsentido posmodernista dónde está)). En fin. En el trayecto, ella me contaba un nuevo capítulo de la historia de una compañera de trabajo de ambas. Ella (digamos que se llamaba Vanesa) entró a la empresa el mismo día que yo y desde ese momento (hace ya unos eternos dos años y medio) se acostó con siete de los hombres que trabajan con nosotros. Su última adquisición fue un amigo de mi amiga. A todo esto, Vanesa se acaba de separar del novio, con el que estaba hacía nueve años… con lo cual… en fin. Mi amiga me contaba el dialogo con su amigo, que, casado hace 15 años, negó sistemáticamente lo sucedido hasta esta conversación:
El: ¿de qué te reís?
Ella (mi amiga): De lo que se ríen todos
El:¿y eso qué es?
Ella: Que te estás acostando con Vanesa
El: ¿Quién te dijo eso?
Ella: Qué importa
El: Eso no es cierto
Ella: Vanesa me lo dijo
El: Ah. Bueno, es cierto.
Así las cosas, mi amiga recordó (en algún lugar entre Pueyrredón y Callao) que en una conversación con su amigo (el casado que niega y afirma con más facilidad que los casados con los que yo suelo relacionarme, lo que ya es mucho decir) hace un tiempo ella le dijo: “Vanesa es el tipo de mujer por la que los hombres dejan a sus esposas”. En ese momento, mi amiga no sabía de la relación entre su amigo y Vanesa, por lo que esa frase ahora (en algún lugar Pueyrredón y Callao) adquiría nuevo sentido. Además le dijo, en aquella ocasión “a mí me gustaría ser como Vanesa, hombre que quiere hombre con el que está”.
Caminábamos entonces debatiendo sobre la voluntad femenina cuando de pronto nos dimos cuenta que estábamos inmersas en un cacerolazo espontáneo. Primero fueron unos bocinazos, después unos golpes aislados. Para cuando llegamos a Callao y Pueyrredón vimos unas 100 personas golpeando cacerolas, aplaudiendo, y agitando banderas. “Creo que pasó algo de lo que no nos enteramos” esbocé a decir.
Nunca había estado en un cacerolazo. Este fue muy raro, a decir verdad. La gente bien golpeando cacerolas bien en un barrio bien. “Esa negra de mierda no nos va cagar” empezamos a decir con mi amiga para no quedar fuera de tono. “Esa soberbia que se piensa, que nos va a pasar por arriba” “además quién sabe quién la votó” etc. Finalmente logramos huir, sanas y salvas, de tamaña expresión del sentir popular (¿?)
Cuando llegué a casa me enteré lo D’Angelis y el tole tole en Entre Ríos. Me enteré más bien de su liberación. “Al pueblo argentino le pido paz. Ya estoy libre” leí.
Horas más tarde, mientras terminaba mi monografía sobre el New Deal, pensé en Cristina. En Vanesa. En la voluntad femenina. En como hacer para que los hombres hagan lo que una quiere. En si hay que ser linda, hay que ser fácil, o hay que ser presidenta. Recordé que más de una vez yo había dicho que quería ser presidenta. Me pregunté: ¿Con cuántos hombres se habrá acostado Cristina para poder ahora meterlos presos? Pensé: La sensación de tener a un hombre gozando entre tus piernas (ese poder) debe tener mucho que ver la sensación de tener al sector más poderoso y recalcitrante de la historia argentina entre tus manos.
Esa mujer, la puta, la soberbia, la otra. ¿Esa mujer por la que los hombres se separan de sus mujeres, existe? ¿Esa mujer por la que los ricachones se rasgan las vestiduras, existe? Quizás, sospeché, sea sólo un ajuste de cuentas: Capitalistas vs. Capitalistas. Quizás, sospeche más todavía, sea sólo un ajuste de braguetas: Sexo vs. Amor. Quizás, deduje: sea solo un ajuste de terminología: Poder vs. Querer.

¿Mi cartera? No, gracias; no encontré ninguna que me gustara lo suficiente. Algunas mujeres somos, por lo menos, un poco más selectivas con nuestra voluntad.-

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